Feminismo Interseccional

¿Sabes qué es y dónde se originó? 

Actualmente muchas feministas utilizan el calificativo ‘interseccional’ de forma errónea. En particular, muchas feministas lo usan para implicar que el feminismo radical es “excluyente” y “egoísta”.

En este artículo aprenderás de qué se trata realmente la interseccionalidad, algunas diferencias fundamentales entre feminismo radical y liberal, y por qué no debes sentirte culpable cuando alguien utilice la interseccionalidad para descalificar tu postura radical solo porque no están de acuerdo contigo.

Milenials apropiándose de la interseccionalidad: la nueva forma de decir “mi feminismo es mejor que el tuyo (y no te puedes sentar con nosotras)

Este es el sentimiento general que veo expresado cuando, en Internet, los Milenials- por lo común gente blanca, irónicamente- usan la palabra “interseccional” como sufijo para “feminismo”. Esto es una lástima porque el escrito que trajo el término “interseccional” al feminismo –“Derribando los Márgenes de la Intersección de la Raza y el Sexo: Una crítica feminista negra a la doctrina de la anti-discriminación, la teoría feminista, y las políticas anti-racismo”, escrito por Kimberlé Crenshaw en 1989- es uno de los textos feministas más importantes del siglo 20.

Aquel texto resalta una necesidad muy real del Movimiento de la Mujer, de comprender que la opresión en contra de la gente marginada de múltiples formas (como por ejemplo, a través de una combinación de raza y sexo, o raza, sexo, clase e incapacidad) es mayor que la suma de los factores que la componen.

Históricamente, este fallo (principalmente cometido por mujeres blancas de clase media) de no incorporar un análisis de otras formas de opresión a la política feminista, se ha manifestado de muchas maneras, tanto en la teoría como en la práctica. Crenshaw da algunos ejemplos:
Primero, algunas partes del movimiento de la mujer suscribían (algunos dirán, que aún suscriben) a “esferas separadas” de literatura, que se enfocan en la historia de “las mujeres” del mundo laboral –resultando en la exclusión de otras formas patriarcales de opresión con base en el trabajo-. Por supuesto, esta definición de mujer ignora a las mujeres de color, quienes, primero fueron esclavizadas y luego, se esperaba de ellas que realizaran  labores en las casas de las mujeres blancas (cuidado de niños, cocinar, limpiar, etc) a cambio de bajas pagas, mientras que las mujeres blancas ingresaban a trabajos tradicionalmente reservados a los hombres. Ignora también a las mujeres que son parte de la clase trabajadora (o trabajadora pobre) que siempre han tenido que trabajar fuera de la casa para apoyarse a si mismas y sus familias.
En segundo lugar, el movimiento de la mujer, ha fallado en reconocer las representaciones y estereotipos de la gente de color cuando señalamos los roles de género y estereotipos que los hombres aplican a las mujeres en orden a justificar su subordinación. Como dice Crenshaw:
“Declaraciones como ‘a hombres y mujeres se les enseña a ver a los hombres como independientes, capaces, poderosos; a hombres y mujeres se les enseña a ver a las mujeres como dependientes, limitadas en sus habilidades y pasivas’ [Richard A. Wasserstrom] son comunes en este tipo de literatura. Pero esa “observación” pasa por alto las anomalías generadas por los cruces del racismo y el sexismo. Los hombres y mujeres negras viven en una sociedad que crea normas basadas en el sexo y expectativas que, al mismo tiempo, el racismo trata de negar. Los hombres no son vistos como poderosos y las mujeres negras no son vistas como pasivas”.
Tercero, la más temprana Ley contra la Violación de U.S.A., falló en incluir a las mujeres de color, las mujeres en la prostitución, o mujeres que los hombres consideraba impuras moralmente de otras maneras. Adicionalmente, falló en incorporar un análisis de la violación como un ‘arma de terror racial’ utilizada por los hombres blancos en contra de las mujeres de color.

El hecho de que el Movimiento de la Mujer necesitaba un llamado de atención acerca de su exclusión y eliminación de las mujeres marginadas por su raza, clase, capacidad y orientación, es innegable.

Crenshaw nos pide reconocer esto desmantelando nuestras prácticas anti discriminación “de arriba hacia abajo”, que operan bajo la suposición de que cada aérea de opresión debe ser analizada por separado (y que si no fuese por la existencia de opresiones singulares, todos [los factores de opresión] serían equiparables), y reemplazandolas por prácticas de “abajo a arriba”. [¿Qué quiere decir esto?]

Ella tomó su inspiración de una estudiosa, educadora y autora del siglo 19. — Anne Julie Cooper, una feminista negra del siglo 19, acuñó una frase que ha sido útil al evaluar la necesidad de incorporar un análisis específico del patriarcado en cualquier esfuerzo por reconocer la dominación racial […] refiriéndose a una de las declaraciones públicas de Martin Delaney, en que decía que, “donde fuera que entrara, la raza entraba con él”, Cooper escribió:  “Solo las mujeres negras pueden decir que cuando, si es que, entran…en ese lugar y en ese momento toda la raza negra entra conmigo”.

Argumenta que, al reconocer las necesidades de quienes están más marginados, sin advertirlo, aliviaremos a quienes son oprimidos de una de las causas que los aquejan.
Crenshaw, en su ensayo “Dibujando los Márgenes: Interseccionalidad, políticas de identidad y violencia contra las mujeres de color”, escribió:

‘No presento la interseccionalidad como una teoría totalizadora de identidad. Tampoco pretendo sugerir que la violencia en contra de las mujeres de color puede ser explicada solamente a través del específico marco del género y la raza considerados [en este ensayo]’

Aquí es donde toma relevancia mi generación. Allí donde Crenshaw define “feminismo blanco” como “la creación de una conciencia que es distinta y opuesta a la de los hombres blancos” y “el fracaso en abrazar las complejidades de lo que está compuesto de múltiples elementos”, los Milenials utilizan el término para denunciar a cualquiera que investiga temas o sostiene posturas políticas con las que no están de acuerdo, en particular, para denunciar cualquier crítica a la definición de la teoría queer del género como una identidad escogida e individual, cualquier crítica a la cosificacion, sexualización y/o la industria del sexo.
Esto resulta en que muchas feministas jóvenes, como yo, apliquen un análisis de interseccionalidad terriblemente simplificado (o simplemente erróneo) a temas que son complejos (sin siquiera mencionar que mujeres con experiencia en la industria del sexo y personas no-conformes con el género, tienen puntos de vista diversos y, usualmente, polarizados).

Como las lectoras podrán recordar, una campaña (en Mayo), dirigida a que Megan Murphy, la fundadora de Feminist Current, fuese despedida y se le negara tribuna en Rabble.Ca, se basaba en la idea de que su postura acerca del género y su análisis de la industria del sexo no eran “suficientemente interseccionales”.

Sin embargo, es perfectamente posible sostener un análisis que es a la vez radical e interseccional, particularmente tratándose del género y la prostitución.
Ejercer la interseccionalidad en la práctica requiere que reconozcamos las experiencias de los más oprimidos, poniendo sus experiencias al centro de nuestro análisis y activismo, en vez de situarlas al margen. Requiere, luego, que encontremos la causa de su opresión y hagamos algo al respecto.

El problema no es que las feministas radicales “no son interseccionales”. Al contrario. El problema es que las feministas radicales y las feministas liberales tienen posturas completamente incompatibles sobre cual es la raíz de la opresión patriarcal/de género y, consecuentemente, [respuestas diferentes al porqué se produce] la marginación de mujeres en la industria del sexo y las personas que no se conforman al género.

Las feministas radicales piensan que la violencia masculina es la raíz de la prostitución, que es una institución que revolotea alrededor de muchas opresiones distintas. Las feministas liberales piensan que la opresión de las mujeres en la industria del sexo es el “estigma”, y nos dicen que, cuando sea eliminado, se acabará la violencia que estás mujeres sufren.

Las feministas radicales piensan que lo que oprime a las personas que no se conforman con las normas del género, es el género en sí mismo, al cual definen como un conjunto de expectativas y estereotipos vinculados a las personas en base a su sexo al nacer y reforzados mediante la socialización (que es usada para subordinar a las mujeres como clase y aliena a cualquiera que fracase en encajar en las cajas del género). Las feministas liberales piensan que la raíz de la opresión de las personas trans es odio, fobia, intolerancia y la reticencia de reconocer la identidad de género de personas que nacieron en ‘cuerpos que no se condicen con sus verdaderos yo’ (representados por la ejecución externa de la femeneidad y la masculinidad).

Tanto feministas radicales como liberales se apoyan en los testimonios de personas con experiencias personales en estas aéreas para informar su teoría y práctica.

¿Esto nos pone en un aprieto, no?
Tal vez sea derrotista de mi parte, pero no veo que está fisura vaya a repararse sola.

Lo que quiero dejar de encontrar es el término “interseccionalidad” usado por la gente de mi generación, como una herramienta para equiparar la aproximación del feminismo radical a la industria del sexo y los asuntos trans, con el “feminismo blanco”.

Debemos preguntarnos varias cosas en lo referente a cómo la teoría de la interseccionalidad se aplica a tópicos complejos. Dado que existen dos diferentes facciones del feminismo con intereses en conflicto, ¿quién tendrá la carta del triunfo, quién decide qué opresiones son más severas que otras?, ¿Dónde trazamos la línea entre mujeres que no están y las que sí están lo suficientemente oprimidas como para poner sus vidas “al centro” del discurso?

Convertir la palabra “interseccional” en una etiqueta de rápida aplicación para distanciarte de las “mojigatas productoras de perlas” (un término misógino en sí mismo) que te desagradan, no es solo cursi y cliché, es también una bofetada en la cara a todas las mujeres de color, las mujeres de la clase trabajadora, las mujeres pobres que trabajan, mujeres lesbianas, las mujeres prostituidas y sí, para todas las mujerestrans que adhieren al feminismo radical y han contribuido al desarrollo de su actual teoría y práctica.
***

Por JESS MARTIN 

Original en inglés

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