​El acertijo trans: ¿cuál es el verdadero significado de “género”?

Por Miranda Yardley

Publicado originalmente el 1 de marzo de 2016 en su columna de The People’s Daily Morning Star

“Únicamente he visto reacciones negativas [frente al primer informe de sesiones sobre Igualdad Transgénero] en individuos que pretenden ser feministas” – Maria Miller, miembro del Parlamento conservadora por Basingstoke y presidenta del comité por la igualdad de las mujeres

El 14 de enero de 2016, el comité de mujeres e igualdad [en Gran Bretaña] emitió el primer informe de sesiones de Igualdad Transgénero.

Si bien el informe afirma descaradamente que “la justicia y la igualdad son valores británicos fundamentales” y alardea de que “Gran Bretaña ha estado entre los países más avanzados en el reconocimiento de los derechos de gays, lesbianas y bisexuales”, opina que el país “sigue reprobando este examen con respecto a la gente trans”.

El informe hace una serie de recomendaciones; la más importante es que Gran Bretaña se aleje del enfoque medicalizado de la Ley de Reconocimiento de Género de 2004, que “patologiza las identidades trans”, y se acerque a un sistema basado en el principio de “autodeclaración del género”.
Las “características protegidas” de la Ley de Igualdad de 2010 sustituirían los términos “reasignación de sexo” y “transexual” –que según el informe son “anticuados y confusos”– con “identidad de género”. 

Básicamente, se considerará ilegal discriminar a alguien por su “identidad de género”, tanto como ahora lo es discriminar por su sexo o raza.

Es esta recomendación, por encima de todas las demás, la que provocó la reacción negativa que Miller recibió de las feministas.

Para entender por qué alguien podría objetar a que se proteja la “identidad de género”, antes tenemos que entender qué significa la “identidad de género”. 
Las palabras “sexo” y “género” se usan a menudo de manera intercambiable, lo que confunde los verdaderos significados de estas palabras; hace falta establecer una distinción entre ellas.

Cuando nacemos, nuestro sexo biológico se determina observando nuestras características sexuales primarias.

Se nos reconoce como hombres o mujeres a partir de nuestra futura capacidad reproductiva: las mujeres, salvo en caso de accidente o enfermedad, producen óvulos y podrán incubar fetos y amamantar bebés; los hombres, salvo en caso de accidente o enfermedad, producirán espermatozoides. Así, el sexo es objetivo y concreto. (Si bien debemos tener en cuenta las condiciones intersexuales, hay relativamente pocos individuos intersexuales, y no deberían usarse para confundir el hecho de que todos los humanos que han vivido sobre la tierra se han desarrollado dentro de un cuerpo femenino a partir de un óvulo femenino fertilizado por un espermatozoide masculino.)

“No se nace mujer: llega una a serlo” – Simone de Beauvoir, “El segundo sexo”

El género es un conjunto de reglas socialmente impuestas que se espera que hombres y mujeres cumplan.
Estas reglas especifican, en contextos culturales específicos, cómo peinarnos y cómo vestirnos. Sin embargo, estas especificaciones no son sino significantes; el género es la división subyacente de rasgos humanos de personalidad según el sexo: rasgos dominantes para los hombres, rasgos sumisos para las mujeres.

Con esta división se pretende mantener la dependencia de las mujeres con respecto a los hombres y así mantener el acceso de los hombres a los cuerpos y a la mano de obra de las mujeres.

Esto es lo que significa la cita de De Beauvoir: la idea de mujer, socialmente construida, es producto de su socialización por género, no de sus capacidades o aspiraciones innatas.

El deseo de los hombres por dominar los cuerpos femeninos está en la raíz de la opresión masculina sobre las mujeres, y el género es el sistema social que el patriarcado emplea para satisfacer ese deseo.
¿Qué significa “identidad de género”? El sitio web del Servicio Nacional de Salud la define como “el género con el que una persona ‘se identifica’ o al que siente pertenecer”. Esto se refleja en el uso común. Y dice también: “Algunas personas pueden tener anatomía de hombre, pero identificarse como mujer, mientras que otras pueden no sentir que son definitivamente hombres o mujeres”, lo que refleja el uso de los términos “transgénero” y “no binario”, respectivamente.

La identidad de género se define en función de “sentimientos” o “identidad personal”: éstos son rasgos de personalidad subjetivos.
Esto significa que aunque parecemos haber superado la expectativa de que, para todo mundo, el sexo determina la personalidad, en lugar de haber llegado a la conclusión natural de que el sexo no determina la personalidad ahora se espera que aceptemos que en la mayoría de la gente el sexo determina la personalidad, pero en unos cuantos la personalidad determina el sexo.

“Cualquier mujer que alguna vez le haya dicho a un hombre que se vaya al diablo es no binaria” – Cathy Brennan, activista lesbiana
El avance propuesto hacia un sistema basado en una autodeclaración de la identidad de género es un cambio fundamental en la definición de las palabras “hombre” y “mujer”.

En efecto, qué es un “hombre” o una “mujer” se redefine y ya no se basa en la realidad objetiva. Ahora en vez de eso definimos a hombres y mujeres basándonos en estereotipos sexistas.

Por supuesto, nadie se identifica como un estereotipo unidimensional, y el informe lo reconoce, pero no de la manera que uno esperaría. En vez de eso recomienda “un enfoque global congruente del incipiente tema de la posición de la gente no binaria y sin género”. ¿Exactamente qué significa eso?

Ser “no binario” es tener una identidad de género que no es exclusivamente ni femenina ni masculina. Esto está lleno de problemas: por basarse en la identidad, es imposible identificarlo con métodos objetivos.

¿Hay en algún lugar del mundo alguien que encaje completamente en los rasgos masculinos o femeninos estereotípicos? No, por supuesto que no: todos tenemos nuestras propias vidas, preferencias e intereses concretos y extravagantes.

El concepto de lo no binario como grupo con características objetivamente identificables es de suyo incongruente porque, según cualquier definición, todo mundo es no binario.

Quizá el verdadero problema sea que los hombres no quieren reconocer que la masculinidad es de suyo un estereotipo sexista, más que un derecho inalienable para deshumanizar y dominar a quienes se considera femeninos.

“La manera más efectiva de destruir a la gente es negar y borrar su propia comprensión de su historia” – George Orwell

Incluso si “mujer” se redefiniera como sugiere el informe, las mujeres seguirían sometidas a la violencia masculina, a la violación, al control reproductivo, al matrimonio infantil, a la mutilación genital, etcétera.

Nadie puede renunciar a la biología identificándose con equis o ye, pero a las mujeres se les robará el lenguaje para describir la realidad social inscrita en su biología femenina.

El concepto de servicios, instalaciones y organizaciones para un solo sexo desaparecerá, pues el acceso a esos espacios ahora se basará en la identidad de género.
Sin una protección basada en el sexo, las mujeres ya no tendrán el derecho a definir sus propios límites, pero las razones por las que pudieran desear tenerlos evidentemente no van a desaparecer.

“No hay un ‘debate transgénero’ tal como no hay ‘debate gay’ o ‘debate negro’ o ‘debate de mujeres’. Apoyas los derechos trans o no” – Paris Lees, activista transgénero
La lucha por los derechos gays y los derechos civiles de los negros no necesitan que nadie le diga gay a la gente heterosexual o negra a la gente blanca.
Equiparar estos movimientos con uno que exige que les digamos “mujeres” a los hombres es insultante para esos movimientos.
Al reconocer que estos temas son complejos y delicados, parece que el comité simplemente no entendió las muchas necesidades en conflicto entre los seres humanos de sexo femenino, por un lado, y los seres humanos de sexo masculino que reivindican identidades de mujer trans.

Esto no tendría que sorprendernos, dado que gran parte de los testimonios orales que escuchó el comité representaban un solo punto de vista.

Gran parte de la discusión en el mundo real en torno a los asuntos transgénero es tendenciosa. Las pruebas científicas y médicas se hacen a un lado en favor de la ideología.

Los activistas transgénero se niegan a siquiera definir qué significa ser transgénero. Se cierra el debate con retórica autoritaria como “Las mujeres trans son mujeres” y “No vamos a discutir nuestro derecho a existir”.

El derecho a existir y el derecho a redefinir el lenguaje no son lo mismo. Las mujeres tienen que poder opinar en un debate sobre lo que significa la palabra “mujer”, ¿no? Lo que es más, habría que tener un debate sobre lo que significa la palabra “hombre”, ¿no es así?
Este informe representa una oportunidad perdida para efectuar un verdadero cambio social y afrontar los verdaderos problemas a los que se enfrenta la gente transgénero, y cambiar las actitudes y comportamientos que negativamente nos discriminan, dañan y ponen en peligro.
Equiparar a las mujeres trans con las mujeres no hace nada por afrontar los problemas que los dos grupos tienen en común: la violencia y la discriminación que cometen los hombres en el poder sobre aquellos a los que no consideran hombres.
Concentrarse en los derechos de los individuos a expresar su propia identidad sin hacer caso de las estructuras de nuestra sociedad que permiten la discriminación negativa de las mujeres y la gente transgénero por igual sólo sirve a los intereses de un grupo: los hombres.
Estas propuestas son fundamentalmente la consolidación de ideas políticamente conservadoras disfrazadas de modernización socialmente progresista.

Representan una politización neoliberal increíblemente astuta que reduce lo que significa ser mujer a una serie de estereotipos limitantes, sin que en absoluto interrogue los estereotipos limitantes de la masculinidad.

Este astuto informe representa un conservadurismo anticuado y reaccionario vestido con el traje nuevo del emperador de la justicia y la igualdad.

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