12. La hipócrita reacción de la Izquierda.

Si recién te enteras acerca de la Guerra del Género, puede que te estés preguntando, como fue que las cosas se pusieron tan feas. Quiero decir, que existan personas afirmando que el pene es un órgano de mujer ¿es ridículo, verdad? Puedes sentir compasión por la gente transexual sin pretender que el sexo no existe, ¿verdad?

Mi teoría sobre cómo llegamos aquí: una tormenta perfecta de hipocresía, totalitarismo ideológico, misoginia y supremacía masculina (sip, acabo de decirlo: supremacía masculina) en la Izquierda.

Primero, la hipocresía. En su libro, La Mente Correcta, Jonathan Haidt explora el orgullo de tener un elevado “tolerancia al disgusto” como pilar de la identidad de izquierda. Los proponentes del cerebro sexuado constantemente, de manera ciega, demuestran esto.

Sin falta, los de izquierda van a:

  1. Sentir naturalmente empatía por cualquiera con una dolorosa condición psiquiátrica, como la dismorfia sexual; y a la inversa, no la sentirán por quién no la tiene.
  2. Sentir una aversión del mismo grado a que genitales sanos sean operados, resultando en un rechazo a examinar el asunto en detalle; lo que, entonces, combinado con su…
  3. Orgullo por tener esta alta tolerancia al disgusto, los lleva a:
  • A) La absurda proyección de que cualquiera que cuestione la política de identidad transgénero posee una baja tolerancia al disgusto (lo que llaman, “transfobia”), y por tanto…
  • B) Sentirán la necesidad de castigar públicamente a quien la cuestione, en orden a probar (más bien, ejecutar) su (imperfecta) corrección/bondad moral.

Es común que este tipo de devoción que roza en lo religioso destierre todo pensamiento crítico de la Izquierda. La posibilidad de que las personas que cuestionan la política de identidad transgénero, lo hagan sin ningún tipo de asco o rencor hacia las personas transexuales les es impensable -la posibilidad de que otra persona de izquierda haya sido embaucada es preocupante y vergonzoso; por su parte la explicación alternativa de que ellos son, simplemente, las mejores y más tolerantes personas, es irresistible.

Si la o el izquierdista hiciera una pausa y reflexionará, sería confrontada con la posibilidad de que su propia incomodidad hacia un hombre “femenino” -esa mezcla de asco y pena que lleva a que los llamados activistas inventen estadísticas sobre violencia y suicidio, el asco y pena que permite que hombres blancos, heterosexuales, a sus cuarenta años, de clase media, se vistan “de mujer” y se declaren la minoría más perseguida que jamás ha existido- es parte y provee un campo fértil para que el mundo obsesionado-con-el-género provoque disforia sexual en personas genuinamente no-conformes con el género.

Después de todo, ¿quién es el individuo “fóbico”, realmente, cuando estás gritando a todo pulmón que cualquier hombre que rechace el rol de la masculinidad, en realidad debe ser mujer?, ¿cuándo postulas a que el problema seguramente es él, y no el rol?, ¿que el problema es tan grande, tan chocante que todos hemos de estar de acuerdo y pretender lo que no es? Personalmente, algunos transmujeres son unos de los mejores hombres que conozco. En su defensa, me siento ofendida de que tantos izquierdistas esperen que se mientan a sí mismos y a los demás.

Aún más, si el o la de izquierda hiciera una pausa y reflexionara, él o ella se encontraría con la posibilidad de que al culpar a las mujeres por la violencia en contra de la gente trans, están operando en base al miedo, un miedo tan sobrecogedor que ni siquiera pueden nombrar su origen: violencia masculina. Violencia que jamás se va a detener por agachar la cabeza, o por que las mujeres se desprendan de las palabras para analizarla o de los espacios en los que refugiarse. Una violencia que jamás se va a detener hasta que sea encarada y forzada a detenerse desde su fuente: los hombres.

En resumen, si los y las de izquierda hicieran un pausa y reflexionaran, se verían enfrentadas a la posibilidad de que el asco y miedo que proyectan en las mujeres a quienes llaman TERF es, de hecho, su propio asco y miedo.

Si logras que un zurdo supere ese punto, aún le faltará darse cuenta de la existencia de enormes sistemas de poder que superan la identidad propia, especialmente sistemas de poder basados en el sexo (lo que las teorías feministas llaman “género”). En otras palabras, tendrán que radicalizarse. Este punto de crisis existencial –entre liberal y radical– vuelve vulnerable a las personas al totalitarismo ideológico- olvídate de pensar cosas complicadas, nuestra “verdad mágica” es todo lo que necesitas: trasciende la ciencia, cualquiera que la cuestione puede ser expulsado y declarado sub-humano, tan solo relájate y sométete.    

Página siguiente: El totalitarismo ideológico de la Izquierda

[Ésta es la traducción del blog The New Backlash.  Las demás las podrás encontrar, a medida que sean publicadas, en la categoría “backlash”. Adicionalmente, puedes ponerte en contacto con la autora en Twitter]

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