13. El totalitarismo ideológico de la Izquierda

El totalitarismo ideológico es un fenómeno que toda persona que se dice de izquierda debiera conocer, para poder defenderse de él.

En 1961, el psicólogo Robert Jay Lifton publicó “La reforma del Pensamiento y la Psicología del Totalitarismo”. Fundándose en entrevistas a profundidad realizadas a sobrevivientes de campos de “re-educación” chinos, Lifton logró identificar ocho asuntos psicológicos vinculados al totalitarismo ideológico:

1) Control del entorno. Los verdaderos creyentes anhelan crear un ambiente “contiene no más, no menos” que su “verdad”.

2) Manipulación mística. La ideología es un bien mayor en sí mismo, y sus líderes han sido escogidos por la Historia para guiarnos hacia la Verdad. Todos deben obedecer y confiar en la ideología y sus líderes.

3) Exigen pureza. Cualquier “mancha” debe ser removida, y “lo que sea que se haga a cualquiera” en pos a lograr esa pureza es siempre justificable, incluso moralmente – incluido las denuncias continuas de los ‘impuros’.  La ideología crea un mundo de culpa, estrecho y sofocante, en que uno debe perpetuamente apuntar a la perfección y esperar ser humillado por no conseguirla.

4) Culto a la confesión. Confesarse es un acto auto rendición para el grupo; los individuos no deben tener privacidad intelectual, emocional o social. Confesarse podría ser un acto de catarsis pública, pero se hace por medio de la repetición, usualmente una “demostración pública histriónica”. Se vuelve imposible mantener un balance saludable entre valoración-propia y humildad.

Aun más, la perpetua confesión se torna un método para juzgar a otros (“mientras más me acuso a mí mismo, tengo más derecho a juzgarte)

5) Ciencia sagrada. Simultáneamente, la ideología “trasciende las preocupaciones mundanas de la lógica” y declara tener la verdad científica. (Por tanto cualquier crítica es “no científica”, retrógrada, así como egoísta e inmoral. Esta visión del mundo provee de confort, justificando que se evite buscar conocimiento de forma más rigurosa.

6) Cargando el lenguaje. Clichés que acaban con la búsqueda de respuestas, que reducen asuntos amplios y completos a frases cortas, simples y definitivas que son fáciles de recordar y repetir. El lenguaje totalitario es repetitivo, en jerga e implacablemente prejuicioso. La privación del lenguaje detiene el pensamiento crítico.

7) La doctrina está sobre la persona. La realidad es construida como si de una obra teatral moral se tratase, plagada de personas buenas o personas malas que experimentan emociones en abstracto. Este mito remplaza la experiencia individual. La naturaleza/potencial de cualquier individuo debe ser moldeada de acuerdo a la ideología. El pasado debe ser re-escrito. Sólo la ideología es válida y por tanto verdadera.

8) Determina quién existe. La ideología es clara acerca de quién tiene derecho a existir y quién no. Los de afuera son menos que humanos. Los de adentro pueden convertirse en menos que humanos si se “contaminan” al afiliarse con los de afuera. Así, los individuos temen la aniquilación ideológica. “Yo creo/obedezco, por tanto, existo”.

El totalitarismo ideológico no está confinado a la China comunista, por cierto. Basado en sus observaciones a las Policía Soviética, Nazis Alemanes y el Kempeitai Japonés, George Orwell escribió las mismas tendencias en su novela 1984, construyendo la aterradora distopia de la Policía del Pensamiento, la neolengua y el doblepensar. Vimos una manifestación más suave del totalitarismo de izquierda en lo políticamente correcto en 1990, y la estamos viendo denuevo en el crecimiento casi natural del hiper-individualismo, ciego al poder, de la aproximación a la “diversidad”: políticas de identidad.

En este blog habrás visto muchos ejemplos de partidarios de la política de identidad transgénero que apuntan a lograr un ambiente político donde ningún tipo de disidencia es tolerada.

“Pene de mujer” es “el lado correcto de la historia”. Se espera de los miembros del grupo que se involucren en chequeos de privilegio sin fin, que “llamen la atención” a otros y públicamente renuncien a ellos. El cerebro sexuado es ciencia sagrada. Una vez que un hombre declara ser mujer, su historia de hombre es borrada y reemplazada por un “siempre ha sido mujer”; mientras tanto, mujeres de carne y hueso, mágicamente, ya no son reprimidas por el sexismo. Quienes nieguen está narrativa son malvados sub-humanos (TERFs), en contra de las cuales cualquier táctica está justificada.

Aún más, el lenguaje de la política de identidad transgénero es aterradoramente efectivo en su búsqueda de evitar cualquier pensamiento crítico. Un sinnúmero de artículos exploran los múltiples significados de la palabra “género” – sea para denotar una categoría sexual, estereotipos de sexo y cerebro sexuado, indistintamente, en orden a confundir el asunto y presentar el análisis feminista del género cómo retrógrado/conservador.

Clichés que no admiten análisis, tales como “las mujerestrans son mujeres” son usados para terminar cualquier conversación. Palabras que alguna vez denotaron categorías sexuales son vaciadas de significado, de manera que las personas macho parecen ser excluidas de espacios para mujeres no por ser hombres, sino por ser ‘trans’. Y las personas que exigen que todos a su alrededor les mientan acerca de su sexo biológico, se presentan como “personas abiertas y que celebran su verdadero ser”.

Volviendo a Lifton: da cuenta de un punto relevante, cual es que los individuos con historias personales de abuso y/o abandono y a aquellos que sufren de “crisis extremas de identidad”, son más susceptibles al totalitarismo ideológico, porque la sensación de pertenecer por completo a otro que deriva de dejar ir toda duda y toda -existencialmente aterradora- libertad en pos de la “ciencia sagrada”, los hace sentir a salvo e incluso poderosos, por primera vez, en la mayoría de los casos. Desafortunadamente, una obediencia hiper-emocional, del todo o nada, hacia una ideología extremista necesariamente resulta en hostilidad activa hacia los no-creyentes, que deben responder al totalitarismo -usualmente, mediante tendencias totalitarias propias. Nada bueno nace de esto.

Este es el punto: si mayoría de los de izquierda no creyeran en el cerebro sexuado, todo este sinsentido no se les escaparía. La política de identidad transgénero les da a los izquierdistas la excusa -lástima por la gente trans– de regodearse en misoginia y llamarlo progresismo.  (Y sí, es lástima. No es respeto lo que sienten. No es respetuoso insistir que la realidad de la vida y el cuerpo de alguien deben ser mimados mediante el ~pensamiento mágico~)

Página Siguiente: La misoginia de la Izquierda.

[Ésta es la traducción del blog The New Backlash.  Las demás las podrás encontrar, a medida que sean publicadas, en la categoría “backlash”. Adicionalmente, puedes ponerte en contacto con la autora en Twitter]

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