14. La misoginia de la Izquierda

La mayoría de nosotros piensa en la Izquierda como el lado del espectro político más amigable con las mujeres. Sin embargo, como ha sido documentado en las páginas anteriores de este blog, a muchos partidarios de izquierda la biología de la mujer es tan asquerosa que literalmente no deberíamos hablar de ella. “Ser hembra” es la única [faceta de la experiencia humana sometida a opresión] que la izquierda no ve como definible/importante, ya que eso “reduciría” nuestra humanidad. “Ser hembra” es también la única [faceta de la experiencia humana sometida a opresión] respecto de la cual la izquierda piensa que puede y debe ser re-definida por las fantasías de nuestra clase opresora.


Claramente, la izquierda no está libre de misoginia.

De hecho, muchas feministas han señalado que los hombres de izquierda han cooptado y retorcido la liberación de la mujer para lograr sus propios objetivos. Los hombres en la izquierda aún definen a las mujeres de acuerdo a lo que nuestros cuerpos pueden hacer por ellos -no miran a nuestra fecundabilidad, sino a nuestra penetrabilidad. Para ellos, las mujeres no nacen en la clase de personas que tiene el potencial de hacer bebés, sino que en la clase que puede facilitar los orgasmos masculinos. Lo que importa ya no es el útero, no se trata de nuestra capacidad reproductiva, sino de cualquier cavidad corporal ofertada para penetración y eyaculación recreacional. Nuestros cuerpos pasan de ser incubadoras que pertenecen a hombres individuales, a ser instrumentos de ayuda masturbatoria usados y descartados por todos los hombres. Ya no nacemos para susurrar “eres tan buen proveedor” y empujar criaturas del tamaño de pelotas de fútbol por nuestras vaginas, sino para gritar “oh dios mío, lo tienes tan grande” y ser penetradas hasta el punto de sufrir un prolapso rectal.

Una mirada al término anti-feminista, “SWERF”, dará cuenta de este fenómeno. SWERF, supuestamente, significa feminista radical excluyente de las trabajadoras sexuales. Con todo, SWERF es aplicado rutinariamente a mujeres abolicionistas que han sobrevivido a la prostitución, tal como TERF es rutinariamente aplicado a cualquier persona transexual que cuestione la política de identidad transgénero.

En realidad, SWERF significa cualquier persona que crea que los hombres no tienen el derecho a meter sus penes en mujeres y niñas por dinero. En la práctica, SWERF se trata del derecho de los hombres de definir “mujer” como “puta” y de etiquetar a quienquiera que se oponga de intolerante [hacia los penes]

Como todo buen término propagandístico, SWERF es una representación deshonesta de lo que pareciera descripción. El modelo nórdico explícitamente apoya la depenalización de las mujeres que venden el acceso sexual a sus cuerpos. La única gente penalizada bajo el modelo nórdico son hombres que sienten que tienen el derecho a comprar ese acceso – pero este sentimiento masculino de tener derecho a los cuerpos de las mujeres, no es debatible en la izquierda. Y es así como los proxenetas sacan a relucir a las mujeres que prostituyen en orden a usarlas como si de escudos humanos se tratasen y declarar que uno no puede protestar en contra de la industria sexual sin dañar a las mujeres que usa. Este argumento es tan coherente como “cualquiera que proteste contra el abuso laboral debe odiar a los inmigrantes que trabajan los campos y a los empleados de las multitiendas”, pero se pasa por alto el por qué: los orgasmos de los hombres son más importantes.

El término “trabajadora sexual”, acuñado en un esfuerzo de reducir el estigma asociado a la actividad, ha sido bellamente envuelto para volverse parte de la fantasía anti-feminista aún más grande de que el “trabajo sexual es trabajo” -como todas, las mujeres que realizan el “trabajo sexual” tienen la “meta” de “elegir” su propia degradación. Esto va de la mano con la visión de quienes apoyan la identidad de género al señalar que la femineidad es innata (sumisas/dependientes/masoquistas). A las mujeres se les adiestrarse desde que nacen para auto cosificarse. Para nada es como si las decisiones de las mujeres estuviesen moldeadas y limitadas por una cultura que odia a las mujeres. Y los hombres que usan a mujeres prostituidas no están tomando ventaja de un violento sistema de explotación, para nada. Las mujeres simplemente nacen putas. Dar vuelta hamburguesas o ser penetrada con odio por desconocidos; para las mujeres es exactamente igual.

rancom

Esta insistencia de que no hay nada inusual en un “trabajo” que implica que hombres extraños penetren tu cuerpo y eyaculen dentro tuyo, va muy bien con el popular “sex positivity”, que se da entre los jóvenes izquierdistas. Las mujeres tienen una alta posibilidad de sufrir daño (desgarro vaginal) durante el coito si no están genuinamente excitadas (que no es lo mismo que actuar como si lo disfrutaras); tenemos más posibilidades de contraer enfermedades que nuestros compañeros hombres; tenemos más probabilidades de ser lastimadas por nuestros compañeros hombres (quienes son usualmente más grandes y fuertes que nosotras); y tenemos 100% más de probabilidad de experimentar un embarazo no deseado que nuestros compañeros hombres. Esta realidad biológica existe dentro de una realidad social de la cultura de la violación y la pornificación de niñas cada día más jóvenes, y una realidad política que ataca el acceso al aborto, criminaliza la maternidad y efectúa recortes financieros a madres y mujeres víctimas de violencia sexual. Pero nada de esto ha de opacar nuestro entusiasmo de servir como receptáculos de esperma, ya sea profesionalmente o de forma gratuita. Qué conveniente que ahora los hombres tienen una excusa para negar la existencia de la realidad biológica, social y política de las mujeres.


Así, llegamos al tan ponderado asunto en los círculos de izquierda: la “categoría social” de mujer versus la “categoría biológica” de mujer.

Históricamente, en la teoría feminista, esta división intelectual es hecha para argumentar que la femineidad (sumisión/dependencia de los hombres) no es un resultado natural del ser mujer, sino que es un rol estereotípico impuesto a las mujeres desde que nacen, en orden a facilitar la supremacía masculina. La separación que hace el feminismo de la mujer como categoría biológica, por un lado, y de la mujer como categoría social, por otro, es para dar cuenta que esta última es una gran mentira.

Los hombres en la izquierda, sin embargo, han tomado esta división entre la categoría biológica y social para concluir que simplemente pueden ignorar la realidad biológica del poder/vulnerabilidad (pues es ambos a la vez) que nuestro potencial reproductivo representa; y han coronado a la categoría social ‘mujer’ como el resultado natural de la femineidad, en vez de lo que realmente es: el resultado de una brutal imposición.

Y por supuesto, los hombres de la izquierda tienen la excusa perfecta para borrar la categoría biológica ‘mujer’, -esto debe ser hecho para proteger a los transmujeres, que requieren entrar en la categoría “mujer”, para no ser víctimas de la violencia masculina. Ya me he referido a la absoluta estupidez de la idea de que ser percibido como mujer va a evitar que alguien sea sometido a violencia masculina. Así que voy a decir qué es lo que los partidarios de izquierda obtienen con todo esto realmente.

  1. Borrar la realidad biológica -que es poder/vulnerabilidad- como potencial reproductivo exclusivo de la mujer, significa: “no se preocupen, hombres, jamás fueron incubados en un desagradable útero por alguna hembra subhumana, ¡simplemente se materializaron por arte de magia! De hecho, esperar sexo casual de cualquier mujer que encuentres atractiva es resultado de una empoderada, buena y sana diversión masculina…. ¡Y no tiene ninguna consecuencia negativa para esas mujeres! ¡Disfrútenlo!”

2. Elevar la categoría social ‘mujer’ implica que los hombres pueden usarla como un tacho de basura para tirar ahí a los hombres no-masculinos. Después de todo muchos partidarios de izquierda (y con razón) se preguntaron por qué Rachel Dolezal no podía ser ella misma y hacer el mismo trabajo, como una mujer blanca, pero nadie quiere preguntar por qué “Caitlyn” Jenner no podría posar seductoramente para la portada de una revista, envuelta en carísima ropa interior, como hombre. Al parecer, ser una mujer es presentarte a ti mismo como un objeto para el placer de alguien más. Incluso cuando todo el mundo sabe que eres un hombre.

Lo que nos lleva al real objetivo de la política de identidad transgénero, ya que la categoría social de mujer es solo la mitad de la imagen. Al poner en un pedestal la categoría social de mujer, lo mismo hacemos con la categoría social de hombre, y así, protegemos el privilegio masculino.

Página siguiente: La Supremacía Masculina de La Izquierda.


[Ésta es la traducción del blog The New Backlash.  Las demás las podrás encontrar, a medida que sean publicadas, en la categoría “backlash”. Adicionalmente, puedes ponerte en contacto con la autora en Twitter]

 

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