Recordando a las Brujas

​[Entregado en la ciudad de Nueva York, para la Organización Nacional de Mujeres, el 31 de Octubre de 1974]

Dedico esta charla a Elizabeth Gould Davis, autora de El Primer Sexo, que se suicidó varios meses atrás y que hacia el final de su vida fue víctima de violación; a Ana Sexton, poeta, que se suicidó el 4 de Octubre de 1974; a Inés García, de treinta años, esposa y madre, que hace unas semanas, en California, fue sentenciada a cinco años de prisión por matar al hombre de trescientos kilos que la violó; y a Eva Diamond, de veintiséis años, cuyo bebé le fue arrebatado cuando se le declaró poco apta para ser madre, al ser condenada por fraude y quién, ya varios meses atrás, fue sentenciada en Minnesota a quince años por matar a su esposo de un año, mientras el trataba de matarla a golpes. 

Estamos aquí esta noche para hablar sobre Ginocidio. Ginocidio es la mutilación, violación y/o el asesinato sistemáticos de mujeres a manos de los hombres. Ginocidio es la palabra que designa la violencia constante perpetuada por la clase de género hombres en contra de la clase de género mujeres. 

Por ejemplo, el vendado de pies chino es ginocidio. Por mil años, en China, todas las mujeres fueron sistemáticamente mutiladas para ser objetos eróticos, pasivos, para los hombres; para que no pudieran caminar, huir, o unirse en contra del sadismo de sus opresores hombres.

Otro ejemplo de ginocidio es la violación sistemática de mujeres en Bangladesh. Allí, la violación de mujeres fue parte de la estrategia militar del ejército de hombres invasores. Como muchas de ustedes saben, se estima que entre 200.000 y 400.000 mujeres fueron violadas por los soldados invasores, y cuando terminó la guerra, fueron consideradas sucias por sus esposos, hermanos, y padres, y fueron dejadas para ser prostituidas, pasar hambre y morir. El ginocidio de Bangladesh fue perpetrado primero por los hombres que invadieron, y luego por los que vivían allí -los esposos, hermanos y padres. Fue perpetrado por la clase de género hombres en contra de la clase de género mujeres.

Esta noche, en Halloween, estamos aquí para recordar otro ginocidio, la matanza en masa de nueve millones de mujeres a las que se les llamó brujas. Estas mujeres, nuestras hermanas, fueron asesinadas durante un período de trescientos años en Alemania, España, Italia, Francia, Holanda, Suiza, Inglaterra, Gales, Irlanda, Escocia y Amerika. Fueron asesinadas en el nombre de Dios Padre y Jesucristo su único hijo.

La persecución organizada de brujas comenzó oficialmente el 9 de Diciembre de 1484. El Papa Inocencio VIII nominó a dos monjes Domínicos, Heinrich Kramer y James Sprenger, como Inquisidores y les pidió a los buenos padres definir qué era brujería, determinar el modus operandi de las brujas, y estandarizar los procedimientos judiciales y sentencias. Kramer y Sprenger escribieron un texto llamado El Malleus Maleficarum. El Malleus Maleficarum era alta teología Cristiana y jurisprudencia Cristiana vigente. Podría compararse con la Constitución Amerikana. Era la ley. Quienquiera que lo desafiara, sería culpable de herejía, un crimen capital. Quienquiera que refutara su autoridad o cuestionara su credibilidad de cualquier forma, era culpable de herejía, un crimen capital.

Antes de discutir el contenido del Malleus Maleficarum, quiero ser clara acerca de la información estadística que tenemos sobre las brujas. La figura de los nueve millones es moderada. Es el número más usado por las y los académicos en este campo. La proporción estimada de mujeres quemadas a hombres quemados, varía, de 20 a 1 y 100 a 1. 

La brujería fue un crimen de mujeres, y gran parte del texto del Malleus explica por qué. Primero, Jesucristo nació, sufrió y murió para salvar a los hombres, no a las mujeres; por tanto, las mujeres eran más vulnerables a los encantos de Satán. Segundo, una mujer es “más carnal que un hombre, como es claro de sus muchas abominaciones carnales”.1 Este exceso de carnalidad se originó en la creación de la propia Eva: ella nació de una costilla torcida. A causa de este defecto, las mujeres siempre engañan. Tercero, las mujeres son, por definición, torcidas, maliciosas, vanidosas, estúpidas, e irremediablemente malvadas: “Preferiría yacer con un león y un dragón que convivir con una retorcida mujer…Cuando una mujer piensa por sí misma, piensa en maldad”2. Cuarto, las mujeres son más débiles que los hombres tanto de mente como de cuerpo, e intelectualmente son como niñas. Quinto, las mujeres son “más amargas que la muerte” porque todo pecado se origina en y por las mujeres, y las mujeres son enemigos “peligrosos y secretos”.3 Finalmente, la brujería fue un crimen de mujeres porque “toda brujería viene de la lujuria carnal, que en las mujeres es insaciable.”4

Quiero que recuerden que éstas no son las polémicas declaraciones de algunos pocos atorrantes; éstas son las convicciones de académicos, legisladores, jueces. Quiero que recuerden que nueve millones de mujeres fueron quemadas vivas. 

La brujas fueron acusadas de volar, de mantener relaciones carnales con Satán, lastimar al ganado, causar tormentas y tempestades, provocar enfermedades y epidemias, embrujar a los hombres, convertir a hombres y a ellas mismas en animales, volver personas a los animales, cometer actos de canibalismo y asesinatos, robar genitales de hombres, hacer que los genitales de los hombres desaparecieran. De hecho, esto último -hacer que los genitales de los hombres desaparezcan- era causal de divorcio bajo la ley Católica. Si los genitales de un hombre desaparecían por más de tres años, su esposa tenía derecho a divorciarse. 

En la gigantesca masa de odio hacia las mujeres, parece difícil encontrar el cargo más increíble, el más ridículo, pero creo haberlo hecho: Sprenger y Kramer escribieron: “Y qué, entonces, se puede pensar de esas brujas, las que…coleccionan órganos masculinos en grandes números, de veinte a treinta miembros juntos, y los ponen en los nidos de las aves, o los encierran en cajas, donde se mueven por sí mismos como si tuvieran vida propia, y comen avena y maíz, y han sido vistos por muchos y es una acusación común”. 5    

¿Qué, en verdad?, ¿qué se supone que pensemos?, ¿qué se supone que pensemos las que crecimos católicas, por ejemplo? Cuando vemos a sacerdotes realizando exorcismos en suburbios Amerikanos, y que la creencia en la brujería es aún fundamental en la teología cristiana, ¿qué se supone que pensemos?, Cuando descubrimos que Lutero exaltó este ginocidio a través de sus muchos enfrentamientos con Satán, ¿qué debemos pensar? Cuando descubrimos que el mismísimo Calvino quemó brujas, y que él, personalmente, supervisó cazas de brujas en Zúrich, ¿qué debemos pensar? Cuando descubrimos que el miedo y el odio a la carnalidad de la mujer están codificados en la ley Judía, ¿qué se supone que pensemos?

Algunas de nosotras tenemos una visión muy personal del mundo. Decimos que lo que nos pasa en nuestras vidas como mujeres, nos sucede como individuos. Decimos incluso que cualquier violencia que hemos experimentado en nuestras vidas como mujeres -por ejemplo, violación o abuso sexual de parte de un esposo, amante o extraño- sucedió entre dos individuos. Algunas de nosotras hasta pedimos disculpas en nombre del agresor -incluso sentimos pena por él; decimos que está perturbado, o que fue provocado de algún modo particular, en ese momento particular, por esa mujer particular. 

Los hombres nos dicen que ellos también están oprimidos. Nos dicen que usualmente en sus vidas individuales son victimizados por mujeres -por sus madres, esposas, y novias. Nos dicen que las mujeres provocamos actos de violencia mediante  nuestra carnalidad, o malicia, o avaricia, o vanidad, o estupidez. Nos dicen que su violencia se origina en nosotras y que somos nosotras las responsables. Nos dicen que sus vidas están llenas de dolor, y que nosotras somos la fuente de ese dolor. Nos dicen que como madres los lastimamos irreparablemente, como esposas los castramos, y como amantes les robamos su semen, juventud y hombría -y nunca, nunca, como madres, esposas o amantes, jamás les damos lo suficiente.

¿Y qué debemos pensar? Porque si comenzamos a unir todas las instancias de violencia -las violaciones, abusos sexuales, las mutilaciones, los asesinatos, las masacres; si leemos sus novelas, poemas, posturas políticas y filosóficas y vemos lo que ellos piensan hoy de nosotras y lo que los inquisidores pensaban ayer de nosotras; si nos damos cuenta de que históricamente el ginocidio no es producto de un error, algún exceso accidental, algún terrible desliz, sino que es la consecuencia lógica de lo que ellos creen es nuestra naturaleza, sea divina o biológica; entonces debemos comprender, finalmente, que bajo el patriarcado, el ginocidio es la realidad continua de las vidas de las mujeres. Y entonces debemos acudir las unas a las otras -para encontrar el valor para soportarlo y para encontrar el valor para cambiarlo. La lucha de las mujeres, la lucha feminista, no es una lucha por más dinero por hora, o por igualdad de derechos bajo la ley de los hombres, o para que haya más mujeres legisladoras que operen dentro de los confines de la ley de los hombres. Todas esas son medidas de emergencia, creadas para salvar las vidas de las mujeres, tantas como sea posible, ahora, hoy. Pero estas reformas no harán desparecer la ola de ginocidio; estas reformas no pondrán fin a la violencia incansable perpetrada por la clase de género hombres en contra a de la clase de género mujeres. Estas reformas no detendrán la epidemia de violaciones en este país, que va en aumento, o la epidemia de mujeres golpeadas por sus maridos. No detendrán la esterilización de mujeres negras y de mujeres blancas pobres que son víctimas de médicos hombres que odian la carnalidad de las mujeres. Estas reformas no vaciarán las instituciones  mentales repletas de mujeres que han sido puestas ahí  por sus parientes hombres, que las odian por rebelarse en contra de los límites del rol femenino, ni tampoco vaciará las cárceles llenas de mujeres  quienes, para sobrevivir, recurrieron a la prostitución; o quiénes, luego de ser violadas, mataron al violador; o quiénes, mientras eran golpeadas, mataron al hombre que las estaba matando. Estas reformas no harán que los hombres dejen de aprovecharse de la explotación de la labor doméstica de las mujeres, ni tampoco evitarán que los hombres refuercen la identidad masculina victimizando psicológicamente a las mujeres en sus llamadas relaciones “amorosas”.  

Y ninguna acomodación personal dentro del sistema patriarcal va a detener este ginocidio incesante. Bajo el patriarcado, ninguna mujer está a salvo de vivir su vida, de amar, de ser madre. Bajo el patriarcado, cada mujer es una víctima, del pasado, presente y futuro. Bajo el patriarcado, la hija de cada mujer es una víctima, del pasado, presente y futuro. Bajo el patriarcado, el hijo de cada mujer es su potencial traidor y también, el inevitable violador y explotador de otra mujer.

Antes de que podamos vivir y amar, debemos reunirnos en revolucionaria sororidad. Eso significa que debemos dejar de apoyar a los hombres que nos oprimen; debemos rehusarnos a alimentarlos y vestirlos y limpiar por ellos; debemos rehusarnos a que tomen su sustento de nuestras vidas. Eso significa que tendremos que separarnos de la identidad que, como mujeres, hemos sido entrenadas a tener -que deberemos separarnos de todos los vestigios del masoquismo que nos han dicho es sinónimo con ser mujer. Eso significa que deberemos atacar y destruir cada institución, ley, filosofía, religión, costumbre y hábito de este patriarcado -este patriarcado que se alimenta de nuestra “sucia” sangre, que se erige sobre nuestra “trivial” labor. 

Halloween es el día apropiado para prometernos dedicarnos a esta revolucionaria sororidad. Esta noche recordamos a nuestras muertas. Esta noche recordamos a esas nueve millones de mujeres que fueron asesinadas porque los hombres dijeron que eran carnales, maliciosas y retorcidas. Esta noche sabemos que ellas viven a través de nosotras. 

 Juntas, demos a esta noche un nuevo nombre: Noche de Brujas. Volvámosla una noche de luto: por todas las mujeres que son víctimas de ginocidio, de asesinato, en cárceles, instituciones mentales, violadas, esterilizadas en contra de su voluntad, brutalizadas. Y esta noche, consagremos nuestras vidas a desarrollar una sororidad revolucionaria -las estrategias políticas, las acciones feministas- que detendrán para siempre la devastadora violencia ejercida contra nosotras.

***

[Ésta es la traducción no oficial del libro Our Blood, de Andrea Dworkin. El resto del libro lo podrás encontrar, a medida que sea publicado, en la categoria “Nuestra Sangre”, o bien aquí, en la pestaña del mismo nombre]

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