Feminismo, Arte y Mi Madre Sylvia.

[Entregado en  Smith College, Northampton, Massachusetts, 16 de Abril de 1974.]

Estoy muy feliz de estar aquí hoy. No es menor para mí estar aquí. Hay muchos otros lugares en los que podría estar. Esto no es lo que mi madre tenía planeado para mí.

Quiero contarles algo acerca de mi madre. Su nombre es Sylvia. El apellido de su padre es Spiegel. El apellido de su esposo es Dworkin. Ella tiene cincuenta y nueve años, mi madre, y tan solo unos meses atrás sufrió un ataque cardíaco. Se recuperó y ahora está de vuelta en su trabajo. Es secretaria en un colegio. Ha sido paciente cardíaca casi toda su vida, y toda mi vida. De niña, tuvo fiebre reumática. Dice que su problema real comenzó cuando estaba embarazada, esperando a mi hermano Mark, y le dio neumonía. Después de eso, su vida fue una miseria llena de enfermedad. Luego de años de debilitantes malestares​ -fallos al corazón, reacciones tóxicas a las drogas que la mantenían con vida- se sometió a una cirugía al corazón, entonces tuvo un coágulo cerebral, un derrame, que le robó su habilidad para hablar por un largo tiempo. Se recuperó de su cirugía. Se recuperó del derrame, aunque aún habla más lento de lo que piensa. En ese entonces, ocho años atrás, tuvo un ataque al corazón. Se recuperó. Luego, unos meses atrás tuvo otro ataque. Se recuperó.

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Prefacio

Nuestra Sangre [Our Blood] es un libro que surgió de una situación. La situación fue que no lograba publicar mi trabajo. Así que me volqué a dar discursos públicos -no a exponer pensamientos de forma espontánea o dejar fluir sentimientos, sino a la prosa trabajada, que informara, persuadiera, perturbara, causara reconocimiento, aprobara la rabia.  Me dije a mí misma que si los editores no querían publicar mi trabajo, simplemente me los saltaría. Decidí escribirles directamente a las personas, escribir con mi propia voz y para mi propia voz. Comencé a escribir de esta forma porque no tenía otra alternativa: no veía otra manera de sobrevivir como escritora. Estaba convencida de que era la industria editorial -editoras mujeres tímidas y sin poder, la superestructura de hombres que toman las decisiones reales, críticos misóginos- la que se interponía entre mi persona y un público, de mujeres, particularmente, que yo sabía que existía. La industria editorial era una barrera efectiva y mi plan era navegar a través de ella.

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14. La misoginia de la Izquierda

La mayoría de nosotros piensa en la Izquierda como el lado del espectro político más amigable con las mujeres. Sin embargo, como ha sido documentado en las páginas anteriores de este blog, a muchos partidarios de izquierda la biología de la mujer es tan asquerosa que literalmente no deberíamos hablar de ella. “Ser hembra” es la única [faceta de la experiencia humana sometida a opresión] que la izquierda no ve como definible/importante, ya que eso “reduciría” nuestra humanidad. “Ser hembra” es también la única [faceta de la experiencia humana sometida a opresión] respecto de la cual la izquierda piensa que puede y debe ser re-definida por las fantasías de nuestra clase opresora.

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15. La supremacía masculina de la Izquierda

Para los AFTAs, el beneficio de la política de identidad transgénero, es la habilidad de poder poner en práctica su fetiche por la subyugación de las mujeres en público, al tiempo en que ejercitan su privilegio masculino obligando a las mujeres a obedecerles.

Sin embargo, los AFTAs son un pequeño grupo de personas. Tendremos mejores resultados observando los beneficios que la política de identidad transgénero otorga a un grupo mucho más grande de gente que controla la Izquierda: hombres.

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