Sí es Sí: La Proliferación de Legislación y Políticas de Consentimiento Afirmativo.

En la introducción de su antología, «Yes Means Yes: Visions of Female Sexual Power and a World Without Rape» [Sí es Sí: Visiones sobre el Poder Sexual de la Mujer y un Mundo sin Violación»] (2008), Jaclyn Friedman y Jessica Valenti escribieron:

«El objetivo de Yes Means Yes es explorar cómo crear una cultura que genuinamente valora el placer sexual de las mujeres, puede ayudar a detener las violaciones, y cómo las culturas y los sistemas que apoyan la violación [en Estados Unidos] nos roban nuestro derecho a controlar nuestra sexualidad».

A lo largo de la antología (a la cual orgullosamente contribuí), escritoras feministas y pro-mujer, postulan a avanzar desde el antiguo grito de ballata «No es no», y re-conceptualizar el consentimiento sexual como algo que ha de darse afirmativamente -aún mejor, con entusiasmo. En su ensayo «Feminismo Ofensivo«, la reportera feminista y ex abogada, Jill Filipovic, explica el concepto de la siguiente manera:

«Las feministas insisten en que los hombres no son animales. En cambio, los hombres son seres humanos racionales, capaces de escuchar a sus compañeras y comprender que el sexo no se trata de presionar a alguien a hacer algo que no quiere. Muchísimos hombres son capaces de entender la idea de que el sexo debería ser deseado, feliz y entusiastamente, por ambas personas, y que la ausencia de un «no», no es suficiente – «Sí» debería ser el requisito básico… Si las mujeres tienen la capacidad absoluta y libre de decir «sí», y si estableciéramos un modelo de consentimiento entusiasta en vez de un «no es no», sería más difícil para los violadores salirse con la suya. Sería mucho más difícil sostener la idea de que hay «áreas grises».

En 2008, únicamente las feministas hablaban así sobre el consentimiento -abogando por la noción radical de que incumbe a hombres (y mujeres) asegurarse de que sus parejas sexuales deseen, de hecho, tener sexo. Pero seis años después, la consigna «Yes Mean Yes», comenzó a discutirse seriamente como estándar legal, no como un bonito ideal. En septiembre de 2014, el gobernador de California, Jerry Brown, firmó la Ley Senatorial 967 [Senate Bill 967], mediante la cual exigía a aquellas universidades que recibieran fondos estatales, que «adoptaran políticas relativas a ataques sexuales, violencia doméstica, violencia en pareja, y acoso, incluyendo un estándar de consentimiento afirmativo en la determinación de si el consentimiento fue dado o no por quién presente algún requerimiento».

Tal estándar es descrito así: «un estándar de consentimiento afirmativo en la determinación de si acaso el consentimiento a tener actividad sexual fue dado por ambas partes. «Consentimiento Afirmativo» significa: «Acuerdo afirmativo, consciente y voluntario de participar en actividad sexual. Es responsabilidad de cada persona involucrada en la actividad sexual asegurarse de que tiene el consentimiento de la o las otras personas para iniciar y participar en la actividad sexual. Falta de quejas o falta de resistencia no significa consentimiento, guardar silencio tampoco significa consentimiento. El consentimiento afirmativo debe ser continuo durante toda la actividad sexual y puede ser revocado en cualquier momento. La existencia de una relación de pareja entre las personas involucradas, o el hecho de haber mantenido previamente relaciones sexuales entre ellas, no deberían asumirse jamás, por sí mismos, como indicadores de existencia de consentimiento».

Básicamente, si en algún momento, no estás completamente seguro de que tu pareja no desea lo que estás haciendo, debes parar. Esto no es ni ciencia nuclear ni un chocante exceso de parte del gobierno. Esto es lo que un ser humano decente hace.

Poco tiempo después de aprobada la Ley 967, la comedia The Mindy Project, de la escritura, actriz y directora Mindy Kaling, sacó al aire un episodio en que los dos protagonistas, quienes iniciaban una relación amorosa, tienen conflictos sobre consentimiento. La primera escena muestra la puerta de una habitación, escuchamos a Mindy y Danny felizmente comenzando un encuentro sexual. De pronto, Mindy exclama, «¡Danny! ¡Éso no va ahí!». Torpemente él se separa y da una excusa estúpida: «me pasé». Danny no «se pasó», por supuesto; a lo largo del show se reitera que ningún hombre jamás «se pasó» y terminó por error con su pene en el agujero equivocado.

Pero durante el transcurso del episodio, estás dos personas hablan francamente sobre sus deseos sexuales, se disculpan sinceramente por mentir y por otras discusiones, y eventualmente llegan a un acuerdo perfectamente razonable entre personas adultas: si quieres intentar algo drásticamente diferente en la cama, pregunta primero.

Seguro, en un mundo ideal, los novios siempre deberían preguntar antes de intentar penetrar un nuevo orificio -y definitivamente no tratarían de ocultar su falta con una mentira absurda. (En el show, Danny está muy avergonzado de lo que hizo, por cierto, y Mandy no lo perdona hasta que se disculpa y han acordado como manejar ésas situaciones en el futuro para que ninguno nunca se sienta en peligro). Según veo, el episodio envío el mensaje correcto sobre consentimiento -no es un contrato en blanco y negro que firmas antes de tener sexo, sino una serie continua de comunicaciones entre la pareja sexual, sea que ocurran durante un solo evento, o a lo largo de muchos años.

Una vez más, éste hecho no debería asustar ni confundir a nadie que haya tenido sexo antes. Cuando una persona se vuelve sexualmente activa, rápidamente aprende que el sexo, tal como se practica en el mundo real, casi siempre requiere pequeñas, rápidas re-negociaciones durante el proceso. Algunas veces, personas que llevan mucho tiempo juntas, quieren intentar algo nuevo en la cama, y algunas veces, incluso aquello a lo que están acostumbradas, duele si lo hacen en el ángulo equivocado. A veces la persona que está abajo quiere ir arriba, o el brazo de alguien queda apretado, o se golpea la cabeza contra el respaldo de la cama. Algunas veces, un acto se siente genial cuando la otra persona lo inició, pero después de unos minutos se vuelve doloroso y tienes que parar, aún cuando consentiste entusiastamente al acto justo antes y te encantó lo que pasaba hasta ese momento.

Las personas reales teniendo sexo real lidian con estas cosas todo el tiempo. Practicar consentimiento afirmativo significa ser cognoscente de cómo tu pareja responde a todo lo que ocurre, y hacer todo lo que puedas para asegurarte de que ambos están contentos, y respetar los límites de la otra persona aún cuando ellos estén en conflicto con tus deseos inmediatos. En otras palabras, es lo que las personas decentes hacen, sin que se lo digan.

Éste modelo está lejos de convertir el sexo en algo complicado (y lejos está, también, de aumentar las escasas falsas acusaciones de violación); el modelo de consentimiento afirmativo nos ofrece a todos y todas más confianza; confianza en que, en tanto prestemos atención a las respuestas de nuestra compañera o compañero, buscando entusiasmo activo y haciendo cambios si la situación lo amerita, jamás vamos a tropezar con la línea que divide sexo y violación -porque, en realidad, no es una línea sino más bien un muro que algunos deliberadamente escogen saltar.

Y si por alguna razón fueramos falsamente acusados por una pareja sexual que consintió, seríamos capaces de decir, confiada y honestamente, que recibimos numerosas indicaciones de entusiasmo durante el encuentro -y no diríamos, en cambio, que «no escuché cuando dijo no» o «no se resistió, no me golpeó».

Imaginemos, por ejemplo, que Mindy acusa a Danny de poner su pene en su ano sin permiso -técnicamente, ella podría afirmar que su intento de sexo anal al que no consintió fue, efectivamente, un ataque sexual. En ese caso, Danny podría honestamente decirle a los investigadores que, antes de ese momento, ella gemía, dijo que sí, y que se sentía bien -y en el segundo en que ella le dijo que lo que él hacía ya no le gustaba, él se detuvo. Podría decir que él estuvo constantemente al tanto de cuán involucrada estaba ella, y respetó el límite que Mindy fijó. Él debió preguntar primero (y si ambos querían tener sexo anal, debieron prepararse mejor para ello; en serio, jóvenes, no es algo que se decida en el momento), pero respondió inmediatamente a penas ella protestó.

Ésa es una defensa muchísimo mejor que «bueno, ella se quedó quieta casi todo el rato y no dijo «no», ni tampoco trató de apartarme, pero cuando me gritó que parara, paré». Es, además, una descripción de sexo mucho más satisfactorio. ¿Quién querría una pareja sexual que, claramente, no está expresando entusiasmo durante todo el encuentro? Alguien que quiere una víctima, no una pareja.

A mediados de octubre de 2014, se consideraron leyes similares a la de California, en Nueva York, Nueva Jersey, y New Hampshire. La State University of New York, instauró el estándar de consentimiento afirmativo en todos sus campuses, y de acuerdo a la revista «Inside Higher Ed«, toda la Ivy League, excepto por Harvard, adoptó una versión de «Sí es Sí» en sus políticas de ataques sexuales. El National Center for Higher Education Risk Management reportó que 800 colleges y universidades habían hecho lo mismo.

Eso me da esperanza.

Original en Inglés. Extracto del libro «Asking For It» de Kate Harding.

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